¿Qué es el ciberbullying?

Como sabes, el ciberbullying, que podríamos traducir al castellano por ciberacoso o acoso virtual, se ha convertido en una auténtica lacra. Al amparo del anonimato que propician las redes sociales, algunos individuos tratan de minar la autoestima de otro e incluso, en el peor de los casos, de arruinar su reputación. Se da entre adultos, pero afecta de manera muy especial a niños y adolescentes. Por todo ello, hay que erradicarlo. Pero, para hacerlo, primero debes tener claro todo lo relacionado con este problema.

¿Que es el ciberbullying?

Los expertos definen el ciberacoso como la utilización de herramientas telemáticas (teléfonos inteligentes, ordenadores y videojuegos online, sobre todo) para acosar a otra persona de edad similar. Este acoso puede darse tanto en forma de ataques directos, es decir, insultos, como mediante la divulgación de informaciones confidenciales o falsas que afectan a la víctima.

En consecuencia, y de forma más resumida, el ciberbullying es todo ataque reiterado hacia otra persona a través de medios tecnológicos con la finalidad de ofenderla y hacerle daño. Además, otras de sus características son el anonimato del acosador, la inmediatez y el enorme alcance de los medios tecnológicos, sobre todo, de las redes sociales.

Ejemplos de ciberacoso serían que recibieras calumnias de forma continuada, que sufrieras chantaje, que difundiesen aspectos de tu intimidad o que profirieran amenazas en la red hacia ti. Y siempre valiéndose de instrumentos telemáticos, pues de lo contrario estaríamos hablando, simple y llanamente, de acoso.

El acosador

También es importante que conozcas el perfil y las motivaciones de quien participa en actos de ciberbullying. Según afirma el especialista en docencia, Antonio Chacón Medina, en su libro Una nueva cara de Internet: el acoso, se trata de una persona que no solo tiene escaso respeto por los demás, sino que también es poco empático.

No obstante, dejando al margen la psicología, podríamos decirte que el acosador se vale del anonimato que le proporcionan las redes sociales para vengarse de aquellos por los cuales siente envidia, odio o simplemente de quienes le han rechazado. E, incluso, en casos más patológicos, su motivación puede ser el acoso sexual.

La víctima

Realmente, no puede establecerse un único perfil de la víctima de ciberbullying, ya que cualquiera puede serlo. Si eres una persona brillante en tu trabajo, puedes despertar la envidia de un acosador y lo mismo puede decirse si tienes facilidad para las relaciones sociales o si, sencillamente, desea algo que tú tienes. Por ejemplo, en el ciberacoso escolar, la persona elegida puede ser, simplemente, una estudiante cuyas buenas calificaciones son envidiadas por el acosador.

Sin embargo, los acosadores suelen tomar como objeto de su abuso a quienes les parecen más débiles de carácter. Personas con baja autoestima o con dificultades para relacionarse con los demás son sus víctimas propiciatorias. La razón es muy sencilla; el acosador es cobarde y no se atreve a atacar a quien se halla arropado por muchos amigos. Sin embargo, el primer tipo citado suele corresponder a personas solitarias y, en definitiva, fáciles de agredir. En este sentido, hay otra figura que tiene mucha importancia en el ciberbullying y que debes conocer: el testigo.

Una figura de testigo especial

Entendemos por testigo, no a quien es conocedor del ciberacoso, sino al que, sabiendo que se produce, no hace nada por evitarlo (es, por tanto, una clase especial de testigo). Más aún, en ocasiones se pone del lado de abusador. Esto ocurre, una vez más, de manera especial entre adolescentes. La necesidad que estos tienen de militar en un grupo y de sentirse aceptados por él, hace que muchas veces se pongan de lado del acosador e incluso aplaudan su comportamiento. Al menos, no se atreven a tomar partido por la víctima debido a que tienen miedo de convertirse ellos mismos en objeto del abuso. Sin embargo, son una figura esencial para terminar con estas prácticas. Ellos pueden denunciarlas y, para conseguir que lo hagan, es necesario educarlos en este sentido.

Cómo se produce el ciberacoso

Como hemos dicho, el ciberbullying se produce a través de herramientas tecnológicas. No obstante, el acosador utiliza una serie de técnicas que suelen ser las mismas siempre. Para empezar, busca a su víctima en las redes sociales. Una vez la ha encontrado, se vale de ellas, pero también de foros, correo electrónico, chats, grupos de WhatsApp o blogs, para ejecutar su abuso. No obstante, cuando no la conoce personalmente, también utiliza estas herramientas para informarse sobre ella y luego acosarla a través de ellas.

Estos abusos se plasman, igualmente, de distintas maneras, pero siempre buscando menoscabar la autoestima o la reputación de la víctima. Las principales son:

- Enviar correos electrónicos insultantes o amenazantes. Para hacerlo, el acosador se sirve de servicios de mensajería gratuita en los que es fácil camuflar quién es el autor. En sentido distinto, puede alterar las contraseñas de correo de su víctima, impidiéndole consultar sus mensajes y leyéndolos él. Aquí se trataría, además, de un caso de violación de la intimidad.

- Apoderarse de fotos y otros materiales que la víctima ha incorporado a sus redes sociales para manipularlas de forma que resulten humillantes para ella y, finalmente, publicarlas.

- Uso de chats o foros para obrar de la misma manera que con los correos electrónicos: bien haciendo comentarios ofensivos para su víctima, bien haciéndose pasar por ella para ofender a otros usuarios, dejándola así en mal lugar. Puede también hacer circular rumores que la muestren como una persona desleal o malvada. De esta forma, consigue que sean otras personas quienes, sin contrastar esa información, tomen represalias contra la víctima.

Estas son las prácticas más habituales con las que podemos encontrarnos en el ciberacoso. No obstante, hay casos más extremos en los que merece la pena que nos detengamos. Por ejemplo, hay abusadores que acceden a la cuenta de correo de su víctima o a su perfil en las redes sociales para, desde allí, insultar a sus contactos. No obstante, esto sería un doble delito, pues al ciberbullying sumaría el de suplantación de identidad. Otros abusadores llegan incluso a acceder a las claves que sus víctimas utilizan para sus cuentas bancarias o tarjetas de crédito y, valiéndose de ellas, les roban el dinero.

Hay acosadores que llegan a extremos aún más delictivos. Por ejemplo, crear una página web dedicada a mostrar todo tipo de contenidos (incluso sexuales) de su víctima o amenazarla constantemente a través del correo electrónico, WhatsApp y hasta mediante mensajes de voz a su teléfono móvil.

Todos estos actos van mermando el equilibrio emocional de la víctima hasta llegar a amargarle la vida. Piensa cómo te sentirías tú si te ocurriera. Hasta el más fuerte mentalmente se vería afectado por esta situación. Y mucho más si se trata de una persona con baja autoestima o dificultad para llevar una vida social normal.

Qué mueve al acosador a tener este comportamiento

Ya te hemos mostrado un perfil psicológico del acosador. Pero conviene incidir un poco más en sus motivaciones. Este individuo suele tener, como sus víctimas predilectas, una baja autoestima y, sobre todo, un fuerte complejo de inferioridad. En consecuencia, reacciona violentamente contra todo aquel que, voluntaria o involuntariamente, le recuerda esa sensación de ser menos que los demás.

La reacción más adecuada sería que reforzara su autoestima. Hay diversas formas de aumentar la autoestima, pero aquellos individuos que no se sientan capaces de lograrlo por sí mismos deberían ponerse en manos de terapeutas especializados. De esta manera podrían mejorar su calidad de vida siguiendo una serie de técnicas y estrategias en su vida cotidiana.

Sin embargo, en vez de intentar elevar su autoestima, el acosador se centra en rebajar la de otras personas a las que ve superiores a él. Es su retorcida forma de sentirse mejor. Y con el tiempo, si nadie le pone freno, puede ir intensificando la gravedad de sus abusos hasta llegar, en casos extremos, a convertirse en un verdadero depredador moral e incluso en un psicópata peligroso.

Ciberbullying y como denunciar

Por tanto, debes saber que tu obligación es denunciar el ciberacoso en cuanto sepas de algún caso. Los sitios para hacerlo son muy variados y están en función del ámbito donde se produzca el abuso.

Si, por ejemplo, se da entre adolescentes, debes ir a la dirección del centro donde estudian o, directamente, a los padres de los muchachos. También existe un teléfono del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte donde puedes advertir de casos de ciberbullying. Es el 900 018 018.

Del mismo modo, si se produce en el ámbito laboral, tienes que acudir a la gerencia de la empresa para que lo corte de raíz. Y, finalmente, si se da entre particulares sin mayor relación entre ellos, el lugar indicado es la policía, encargada de velar para que no se cometan delitos.

En este sentido, te vamos a facilitar una serie de direcciones de correo electrónico y teléfonos para que denuncies cualquier caso de ciberbullying, tanto si eres la víctima como si lo has presenciado. El cuerpo de la Policía Nacional que se encarga de estos delitos es la Brigada de Investigación Tecnológica. Puedes contactar con ella en el número 902 102 112 y en la siguiente web: denuncias.policia.es/OVD/. Por su parte, la Guardia Civil también se ocupa del acoso. Concretamente, lo hace el Grupo de Delitos Telemáticos, que te atiende en el número 91 514 60 00 (Extensiones 8376 y 8377) y en el correo uco@gcivil.mir.es. Por último, hay organizaciones no gubernamentales que apoyan a las víctimas de ciberdelitos. Dos de las más importantes son Save the Children (en www.savethechildren.es/) y Protégeles (en estafa.info/protegeles-com/).

La relación entre ciberbullying y delitos informáticos

Puesto que el uso de las redes sociales y de otros medios telemáticos es un fenómeno relativamente nuevo, el ciberacoso no está claramente contemplado en el Código Penal. No obstante, sí lo está el bullying. La utilización de la tecnología es lo que establece la relación entre el ciberbullying y los delitos informáticos.

En cualquier caso, también son delitos penales muchas de las estrategias de las que se sirve el acosador. Entre sus delitos más frecuentes, sean virtuales o presenciales, se encuentran:

- Delitos contra la intimidad de su víctima, al difundir sus datos personales.

- Suplantación de personalidad, al hacerse pasar por otro cuando entra en las redes sociales de la persona acosada para enviar mensajes en su nombre.

- Destrucción de instrumentos electrónicos, por ejemplo, cuando introduce un virus en los dispositivos telemáticos de su víctima.

- Delitos contra el honor: en este apartado se incluirían todo tipo de injurias y calumnias a través de las redes sociales.

- Delito de amenazas y coacciones.

De todos modos y con carácter general, debes saber que el artículo 173.1 del Código Penal español dice que infligir a otra persona un trato que la humille o degrade llegando a menoscabar su integridad moral será castigado con pena de cárcel. La condena puede oscilar entre seis meses y dos años según la gravedad de los hechos.

Por lo tanto, conviene que sepas que la ley te protege en caso de sufrir acoso. No obstante, si de adolescentes hablamos, no conviene llegar a esos extremos. Siempre es mejor hablar con los responsables del centro escolar donde se ha originado el incidente para dar una oportunidad de rectificación al abusador, que no deja de ser otro muchacho como la víctima.

A modo de conclusión, el acoso virtual es todo ataque continuado hacia otra persona a través de medios telemáticos. Se produce aprovechando el anonimato de las redes sociales y cualquiera puede padecerlo, aunque las víctimas propiciatorias son personas con baja autoestima o solitarias. En ello coinciden en cierta medida con el abusador, pues este actúa movido por un fuerte complejo de inferioridad. En vez de reforzar su autoestima, trata de minar la de su víctima.

Por otra parte, el testigo del acoso es una figura esencial en este fenómeno, pues su actuación puede hacer que el abuso finalice poniendo el caso en conocimiento de las autoridades. Es, por tanto, fundamental que lo denuncie para que los organismos competentes, ya sean académicos o policiales, en los casos más graves, tomen cartas en el asunto.

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